El Grita estremeció Manizales en su segundo día: punk, hardcore y comunidad
Manizales – El ruido del punk volvió a demostrar que no conoce fronteras ni edades. El segundo día del Festival Grita en Expoferias se convirtió en una descarga de energía colectiva, donde más de cinco mil asistentes encontraron un refugio en el caos musical.
Desde las primeras horas de la tarde, las bandas locales encendieron el ambiente. Grupos como Paria SS y Cerebral Infest recordaron que el Beatdown Hardcore y el D-Beat manizaleño sigue rugiendo con convicción. Sin adornos, con riffs veloces y letras afiladas, empezaron a calentar al público del Grita.
La jornada también tuvo espacio para propuestas que van más allá del molde clásico. Rigor, con su mezcla de Hardcore y hip hop, puso a prueba la versatilidad del público y demostró porque merece ser catalogada como una banda de Hardcore.
Luego llegó Konvixion, que dejó una de las presentaciones más intensas del día: su vocalista, única mujer en la agrupación, se robó el escenario con actitud feroz, respaldada por una banda que sabe cómo combinar potencia y mensaje.
Eutanasia, banda histórica del Perú. Con raíces en los años 80 y letras que siempre cuestionaron al poder, los limeños demostraron que el tiempo no ha domesticado su furia.
Al caer la tarde, la experiencia se volvió un viaje en el tiempo. Punkies y Cerebro, referentes de la vieja escuela, demostraron por qué sus canciones siguen siendo himnos de resistencia, coreados por veteranos y jóvenes por igual.
Luego, los mexicanos de Massacre 68 intensificaron el tono político de la noche, recordando que este género nació para incomodar y señalar las injusticias.
El clímax llegó con la primera presentación en Manizales de Non Servium. Los españoles no decepcionaron: su street punk antifascista convirtió el lugar en un hervidero de saltos y consignas. Fue un cierre brutal, cargado de mensaje y de esa sensación de comunidad que hace del Grita mucho más que un simple festival: es un encuentro de identidades que resisten.
Más allá de la música, la jornada dejó en claro algo esencial: el público no solo va a escuchar, sino a reconocerse en otros. Jóvenes con crestas y veteranos con camisetas gastadas compartieron espacio, cerveza y sudor, en un pacto tácito de hermandad punk.